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LA PARÁBOLA DEL
CONDUCTO
Segunda parte
"Sueños de conductos en un mundo donde solamente hay gente que utiliza
baldes "
Se
voltean las cosas
Los días se convirtieron en meses. Un día
Pablo se dio cuenta de que su tubería ya estaba terminada hasta la mitad
del trayecto, lo que significaba que él solo tenía que caminar media
distancia para llenar sus baldes. Por lo tanto Pablo utilizó su tiempo
extra para trabajar en la tubería. La fecha de culminación se acercaba
cada vez más rápidamente.
Durante sus recesos de descanso, Pablo
miraba a su amigo Bruno transportar los baldes. Éste último estaba más
jorobado que nunca. Él estaba torcido del dolor, y sus pasos eran cada
vez más lentos debido al trabajo tan pesado. Bruno no sólo tenía la
espalda inflamada sino que estaba iracundo, resentido por el hecho de
que estaba condenado a transportar baldes, día tras día, durante el
resto de su vida.
Él empezó a invertir menos tiempo en su
hamaca y más tiempo en la taberna. Cuando los clientes de la taberna
veían que Bruno venía, susurraban: “Ahí viene Bruno el hombre de los
baldes”, y empezaban a reírse cuando el borracho del pueblo imitaba la
postura de Bruno y su caminado. Bruno ya no le compraba rondas a los
aldeanos y tampoco contaba chistes. Prefería estar sentado en una
esquina oscura rodeado de botellas vacías.
¡Finalmente, el día de Pablo llegó, la
tubería estaba terminada! ¡Los aldeanos lo rodearon para ir a ver cómo
el agua llegaba, a través de la tubería, hasta la cisterna de la aldea!
Ahora por fin, el pueblo tenía un suministro constante de agua, y los
vecinos de la campiña se mudaron hacia la aldea. Ésta creció y
progresó.
Una vez que la tubería se había terminado,
Pablo ya no tenía que transportar más baldes. El agua fluía bien sea que
él trabajase o no. Fluía mientras él comía. Fluía mientras él dormía.
También funcionaba los fines de semana mientras él jugaba. Y mientras
más agua llegaba constante al aljibe de la aldea, más dinero le llegaba
al bolsillo de Pablo.
Pablo, el hombre de las tuberías, más
tarde fue conocido como Pablo el hacedor de milagros. Los políticos lo
citaban por su visión y le rogaban que se lanzase como Alcalde. Pero
Pablo comprendió que él no había realizado ningún milagro, sencillamente
era el primer paso de un gran, gran sueño. Verán, Pablo tenía sueños que
iban más allá de la aldea.
¡Pablo tenía la intención de construir
conductos a lo largo y ancho de todo el mundo!
Reclutar a los amigos para que le ayuden
La tubería hizo que Bruno el hombre de los
baldes quebrara en su negocio, y era muy doloroso para Pablo ver a su
viejo amigo mendigando tragos gratis en la taberna. Por lo tanto, Pablo
decidió concertar una reunión con Bruno.
“Bruno, he venido aquí para pedirte
ayuda.”
Bruno enderezó sus hombros jorobados, y
sus ojos hicieron un guiño de extrañeza. “No te burles de mí”, dijo
Bruno displicentemente.
“No he venido aquí para hacer chanzas”,
dijo Pablo.
“He venido aquí para ofrecerte una gran
oportunidad de negocios. A mí me tomó más de dos años terminar mi
primera tubería. ¡Pero aprendí mucho durante ese tiempo! Ya sé qué
herramientas debo utilizar, dónde debo excavar y cómo debo tender la
tubería. He guardado mis apuntes mientras hacía el trabajo, y he
desarrollado un sistema que me permitirá construir otro conducto… y
luego otro… y luego otro…
“Yo podría construir una tubería por año
trabajando sólo. Pero esa no sería la mejor manera de aprovechar mi
tiempo. Lo que planeo hacer es enseñarte a ti y después a otros, cómo
construir conductos… y luego hacer que ellos les enseñen a otros… y así
hacer que cada uno de ellos le enseñe a otros… hasta que haya una
tubería en cada aldea de cada país… y eventualmente, una tubería en cada
aldea del mundo.
“imagínatelo”, continuó diciendo Pablo:
“podríamos ganarnos un pequeño porcentaje por cada galón de agua que
fluyera a través de cada uno de esos conductos. Mientras más agua fluya
a través de dichas tuberías, más dinero va a fluir rumbo a nuestros
bolsillos. ¡La tubería que construí no es el final del sueño! ¡Es tan
sólo el comienzo!”
Bruno finalmente vio el panorama global.
Sonrió y le extendió a su viejo amigo la mano ahora llena de callos. Se
dieron la mano… y luego un fuerte abrazo como cuando eran viejos
amigos.
Sueños de conductos en un mundo donde solamente hay gente que utiliza
baldes
Los años pasaron. Pablo y Bruno hacia años
que se habían retirado. El mundo del negocio de las tuberías que ellos
habían fundado todavía bombeaba agua y a la vez millones de dólares al
año rumbo a sus cuentas bancarias. Algunas veces en sus viajes a la
campiña, Pablo y Bruno pasarían junto a aldeanos que aún transportaban
aguas en baldes.
Estos dos, que habían sido amigos desde la
niñez a veces se orillaban y hablaban con los jóvenes que encontraban en
el camino para relatarles la historia de ellos y les ofrecían la
oportunidad de que construyeran su propia tubería. Algunos de estos
jóvenes escuchaban y aprovechaban la oportunidad de iniciar su propio
negocio de tuberías. Tristemente sin embargo, la mayoría de las personas
que transportaban baldes descartaban rápidamente la noción de una
tubería. Pablo y Bruno escuchaban siempre las mismas excusas una y otra
vez.
“No tengo tiempo.”
“Mi amigo me dijo que él conocía un amigo
de un amigo que había ensayado construir una tubería y quebró.”
“Sólo los primeros que construyen la
tubería son los que realmente pueden obtener ganancias de ese negocio de
conductos.”
“Yo he transportado baldes toda mi vida.
Zapatero a sus zapatos, yo me encargaré de hacer lo que sé hacer”.
”Yo conozco personas que han perdido una
fortuna en negocios de conductos, estos terminan siendo una estafa. A
mí, eso no me va a pasar”.
Entristecía mucho a Pablo y a Bruno que
tantas personas carecieran de visión.
Pero ambos hombres al final se resignaron
a aceptar que vivían en un mundo de transportadores de agua en baldes… y
que sólo un pequeño porcentaje de personas serían lo suficientemente
osadas cómo para construir sueños de conductos.
Explore la primera parte de este artículo
aquí
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