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LA PARÁBOLA DEL
CONDUCTO
Primera parte
“Los esfuerzos dolorosos en el corto plazo son iguales a los grandes
resultados en el largo plazo”. Mida su éxito diario fijándose metas y
cumpliéndolas porque a largo plazo, los resultados excederían con creces
los esfuerzos de hoy.
En 1801, en alguna villa del centro de
Italia
Había una vez hace mucho, mucho tiempo,
dos primos ambiciosos uno llamado Pablo y el otro llamado Bruno. Vivían
uno contiguo al otro en una pequeña aldea de Italia. Los jóvenes eran
camaradas.
Ambos eran grandes soñadores.
Ellos hablaban interminablemente acerca de
cómo algún día, de alguna manera, ambos se convertirían en los hombres
más ricos de la aldea. Los dos eran muy inteligentes y trabajadores. Lo
único que ellos necesitaban era una oportunidad.
Un día esa oportunidad llegó. La aldea
decidió licitar el trabajo de transportar agua desde el río cercano
hasta la cisterna que estaba en la plaza central. El contrato se lo
adjudicaron a Pablo y Bruno.
Cada hombre tomó dos baldes y se dirigió
al río. Al final del día, ellos habían llenado el aljibe hasta el borde.
El jefe de la aldea les pagó un centavo por cada balde de agua.
“¡Este es nuestro sueño hecho realidad!”,
Exclamó Bruno.
“No puedo creer nuestra buena fortuna”.
Pero Pablo no estaba tan seguro. Su
espalda le dolía y sus manos estaban llenas de ampollas por haber
transportado los pesados baldes llenos de agua. Él detestaba la idea de
tener que levantarse en la mañana siguiente para ir a trabajar.
Detestaba la idea de tener que llevar de nuevo - nuevos baldes-. Entonces
él se prometió así mismo que pensaría en una mejor manera de cómo hacer
que el agua del río llegase a la aldea.
Pablo, el hombre de los conductos
“Bruno, yo tengo un plan”, dijo Pablo a la
mañana siguiente a medida que cada uno de ellos tomaba los baldes para
dirigirse al río. “¿En vez de estar llevando baldes en nuestras espaldas
por centavos cada día, por qué no construimos una tubería desde el río
hasta la aldea?”
Bruno se detuvo estupefacto.
“¡Una tubería! ¿Quién ha escuchado tal
cosa?”
Gritó Bruno. “Nosotros tenemos un gran
empleo”, Pablo.
Yo puedo transportar más de cien baldes al
día. ¡A un centavo cada balde, eso es más de un dólar por día! ¡Ya soy
rico! Al final de la semana, yo ya podría comprarme un nuevo par de
zapatos. Para el final del mes, una vaca. Para dentro de seis meses, ya
podré comprarme una nueva cabaña. Nosotros tenemos el mejor empleo de la
ciudad. Tenemos los fines de semana libres y nos pagan dos semanas al
año de vacaciones remuneradas. Estamos hechos para el resto de nuestras
vidas. ¡Qué es eso de una tubería!
Pero Pablo no se desilusionó tan
fácilmente. Él pacientemente, le explicó el plan de la tubería a su
mejor amigo. Consistía en que Pablo trabajaría parte del día llevando
baldes y el resto del tiempo lo dedicaría a construir una tubería para
tener un chorrito. De ser necesario trabajaría incluso los fines de
semana en construir la tubería. Sabía que sería un trabajo arduo cavar
la canaleta por donde esta pasaría por lo que el suelo era rocoso.
Además sabía que como le pagaban por cada baldado de agua, sus ingresos
se menguarían al principio. Él también era consciente de que le tomaría
un año o posiblemente dos, terminar el proyecto de la tubería y que este
proyecto empezaría a generar dividendos sólo después de ese lapso. Pero
Pablo creía en su sueño, y empezó a trabajar.
Bruno y el resto de los aldeanos empezaron
a burlarse de Pablo, llamándolo “el hombre de los conductos”. Bruno, que
estaba ganando casi el doble de lo que ganaba Pablo, se ufanaba de sus
nuevas adquisiciones. Él compró un burro y una silla de cuero para éste,
y lo mantenía atado en las afueras de su nueva cabaña de dos pisos.
También se dio gusto estrenando ropas vistosas y comprando exquisitas
viandas en la posada del pueblo. Los aldeanos lo llamaban el Señor
Bruno, y lo vitoreaban cada vez que invitaba a una ronda en la taberna,
además celebraban ruidosamente los chistes que contaba.
Las
pequeñas acciones redundan en grandes resultados.
Mientras Bruno descansaba en su hamaca por
las tardes y durante los fines de semana, Pablo seguía cavando la zanja
para su nueva tubería. Los primero meses Pablo no tenía mucho que
mostrar como resultado de sus esfuerzos. El trabajo era arduo inclusive
mucho más o pesado que el de Bruno porque Pablo estaba trabajando por
las tardes y durante los fines de semana también.
Pero Pablo se recordaba así mismo que el
sueño del mañana se construía hoy a fuerza de sacrificios. Día tras día
cavaba un centímetro a la vez.
“Centímetro a centímetro se avanza” se
decía así mismo a medida que enterraba su pica en el suelo rocoso. Los
centímetros se convirtieron en metros… los metros se convirtieron en
decámetros… y luego en veinte metros y después en cientos de metros…
“Los esfuerzos dolorosos en el corto plazo
son iguales a los grandes resultados en el largo plazo”, él se
recordaba a sí mismo a medida que se tambaleaba, rumbo a su hogar,
exhausto por el día de trabajo. Él media el éxito diario al fijarse
metas y cumplirlas, a sabiendas de que, a largo plazo, los resultados
excederían con creces a los esfuerzos.
“Mantenga fija su vista sobre el premio”,
se repetía una y otra vez cuando caminaba sin aliento dispuesto a
dormir, a pesar de estar acompañado de las ruidosas risas de los
aldeanos en la taberna.
“Mantenga su vista fija en el premio…”
¿Usted tiene claro
su objetivo, sabe para dónde va?
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