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POR QUÉ LA MENTE ENFERMA AL CUERPO
Ya no se puede seguir pensando que la mente se reduce al cerebro o
al intelecto; existe en todas las células de nuestro cuerpo y habla a
través suyo, a veces, por medio de las dolencias físicas. Según
investigaciones, la enfermedad puede ser una oportunidad para
reemprender el camino a la salud interna y externa. Las claves, en una
ciencia de nombre largo: la psiconeuroinmunología.
“No te guardes tu enfado porque luego se te va a
hacer una úlcera” o “No te amargues tanto que te va hacer mal al estómago”. Más
de una vez habrás escuchado estas frases, o habrás comprobado que, tras un
tiempo de estrés, alguna enfermedad te visita sin causa física aparente. La
vieja creencia de la sabiduría popular “estoy deprimido, luego, me enfermo”, la
somatización, ha encontrado en los últimos años un fuerte respaldo científico. 
Las dolencias que aparecen debido a causas
mentales o emocionales se llaman psicosomáticas (del griego,
psique: mente, soma: cuerpo) y su historia es tan larga como
la de la medicina. Hipócrates, padre de la medicina, en el año 460 a.C.,
sostenía que las enfermedades son consecuencia de un desequilibrio de los
humores internos –los que ellos consideraban componentes de todos los fluidos
orgánicos: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra –que puede ser
restablecido con buena alimentación y reposo.
Paracelso, famoso médico y alquimista,
consideraba que el entorno es un espejo de la situación del paciente, lo mismo
que éste refleja el mundo que lo rodea en los síntomas de su cuerpo. El
investigador francés Louis Pasteur, descubridor de la vacuna contra la rabia,
creía en el origen microbiano de las enfermedades, y pasó buena parte de su
existencia discutiendo con su colega Claude Bernard (que defendía la importancia
del medio interno). Según cuentan los historiadores, en su lecho de muerte
aceptó: “Bernard tiene razón. La semilla no es nada. El terreno lo es todo.”
En los años 20, el médico alemán Georg Groddeck
escribió sobre la importancia de los factores psíquicos en las enfermedades. En
El libro de ello, opina que “un ojo que a diario esté obligado a
contemplar mil veces algo que no desea ver, finalmente se cansa y decide no
verlo, volviéndose miope”.
Numerosas teorías y estudios que demuestran la
influencia de la mente en el cuerpo son aceptados en la actualidad por el cuerpo
científico mundial. La novedad al respecto es una nueva ciencia
interdisciplinaria que ha venido a poner orden entre quienes estudian la
interacción mente-cuerpo: la psiconeuroinmunología (PNI),
rama de la medicina que demuestra cómo las neuronas pueden contagiar al sistema
encargado de proteger el organismo de las enfermedades.
LA RUTA PSICOSOMÁTICA
Un cuerpo con un sistema inmune sano puede
defenderse contra la mayor parte de los organismos que pueden causar infección
–como bacterias, hongos o virus-, y es capaz de producir anticuerpos para
impedir una nueva infección del mismo tipo.
Durante mucho tiempo la creencia fue que el
sistema inmunológico se ponía en marcha solamente cuando el cuerpo era invadido
por estos gérmenes, pero se ha podido probar que también se activa por
influencia de ciertos estados de ánimo.
Un factor psicológico interactúa con el sistema
de defensas del organismo mediante vías hormonales y nerviosas. Cuando ciertas
hormonas y células cerebrales se activan bajo tensión, se ve afectada la
respuesta inmune. Si esta respuesta es deficiente, se traduce en una bienvenida
a las enfermedades.
¿Cómo puede reconocer un glóbulo blanco o un
anticuerpo (los defensores del sistema inmunológico) que su dueño está deprimido
o estresado?: por la conexión del sistema nervioso central, el endocrino y el
inmunológico. Los mensajeros de estas informaciones son las hormonas.
La ira, la rabia, el miedo, el enojo, la
tristeza y otros sentimientos negativos inducen al hipotálamo –el área en la
base del cerebro encargada de funciones como el hambre y el sueño- a fabricar la
hormona ACTH en la glándula hipófisis. Esta hormona llega a las glándulas
suprarrenales (que están por encima de los riñones) a través de la sangre. Una
vez allí, se estimula la producción de cortisol suprime la capacidad de las
defensas, y linfocitos deprimidos no se establece en un solo sentido. Si éstos
se encuentran sometidos a tensión, la materia gris también se afecta, y las
personas experimentan mal humor, se sienten cansados, duermen mucho o les
resulta difícil concentrarse.
Universidades y asociaciones médicas y de
psicología han buscado, durante las últimas décadas, pruebas que validen la PNI.
Han verificado que la curación de una herida es más lenta en pacientes
psicológicamente estresados, y que el estrés disminuye la capacidad de crear
anticuerpos de una vacuna de la gripe.
¿Todas las enfermedades son psicosomáticas?
La influencia de la mente en el cuerpo está
lejos de ser medida en su totalidad. A pesar de esto, la integridad cuerpo-mente
es obvia, y todos los trastornos deben tratarse teniéndola en cuenta.
Algunos científicos no aceptan la influencia
psicológica en el cuerpo, puesto que en medicina se veía al sistema inmunológico
como autónomo.
De todas maneras, la mayor parte de los estudios
recientes sugieren que sea cual sea el origen de la dolencia, esta se ve
agudizada si algo anda mal en el campo mental o emocional.
Por el momento, hay sólo algunas patologías
específicas que son aceptadas por todos los médicos como psicosomáticas.
Los síndromes más frecuentes son los
relacionados con el aparato digestivo, el sistema respiratorio, vascular,
locomotor, endocrino y cutáneo. Los síntomas que aparecen más a menudo son los
dolores de cabeza, náuseas, vómitos, dolor abdominal, menstruaciones dolorosas,
pérdida del deseo sexual.
La gastritis, colitis, las úlceras gástricas,
hemorroides y algunos tipos de reumatismos son generalmente padecimientos
psicosomáticos.
Estos trastornos pueden ser agudos y aislados
(como las migrañas y urticaria, por ejemplo) o crónicos y generales (como el
asma, las úlceras o las alergias).
Algunos psicoanalistas señalan que muchas de las
personas que padecen algún trastorno psicosomático tienen tendencia a ignorar
las señales de su cuerpo. En general, son individuos que en momentos difíciles
parecen inquebrantables. Muchos de ellos padecen una dificultad para registrar y
expresar sus emociones. Otra teoría acerca de cómo funcionan los mecanismos
psicosomáticos se basa en la concepción de la debilidad genética de un órgano.
Es decir: la persona tendría una parte de su cuerpo débil o predispuesta
a
enfermar, que se vería afectada frente a algún factor estresante.
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En la actualidad los homeópatas y otros
practicantes de la medicina holística creen que la enfermedad es una oportunidad
para sanar un conflicto interno: un llamado de atención para retomar el
equilibrio.
A principios de siglo XX, Carl Jung, el más
famoso de los discípulos de Freud, ya afirmaba: “no curarás tu enfermedad, sino
que será ella la que te sane”. Para saber si es un factor psicológico o
emocional el que originó determinada dolencia, es muy importante considerarlos
en el interrogatorio médico. Éste es esencial para un buen diagnóstico, del cual
depende el tratamiento integral y adecuado. A veces debe llegar hasta el
nacimiento de la persona, y es necesario también porque la predisposición a
somatizar puede heredarse.
Si el trastorno físico es psicosomático, hay que
emprender la sanación desde la causa. Si es el ambiente el que enferma a la persona, esta deberá crear un ambiente curativo, o, si es una relación o un
conjunto de relaciones las que hacen mal, por ejemplo, tendrán que ser
valoradas dentro de lo que hay que curar.
En el caso de que el paciente sienta que su
ambiente lo enferma, deberá cambiarlo: hacer que un lugar esté ventilado, limpio
y luminoso, puede ayudar a que el individuo se mejore.
Los ambientes humanos (como el trabajo o los
círculos de amigos) curativos son siempre aquellos que promuevan el desarrollo
de la persona.
Es importante tratar la afección antes de que
ocurra un daño orgánico (como por ejemplo una úlcera) porque luego de éste,
aunque la dolencia sea psicosomática, el tratamiento será más largo y
complicado.
Los investigadores en psiconeuroinmunología
estudian en la actualidad otro factor que, está comprobado, mejora la respuesta
inmune: la risa. Según sus estudios, la capacidad liberadora de tensiones de una
buena carcajada contribuye a un funcionamiento óptimo del sistema defensor del
organismo.
Fuente:
Revista OM No 9 de septiembre de 2004
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semana, haga su colección no se lo pierda.
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